domingo, 22 de mayo de 2011

4 | Y casualmente...

-¡Joder! ¡Me he quedado dormida!
Se puso la ropa, cogió su mochila, se pasó un poco el peine sobre sus cabellos oscuros y salió corriendo de su casa.
Estaba llegando tarde al instituto.
"El último día, y llego tarde... ¡Joder!".


Después de un largo día de instituto, por fin la habían dado las notas. Podía estar relajada en todo el verano, que pasaba limpia.
Nada más llegar a su casa, se puso a comer como una loca, ya que ni había desayunado.
- Niña, ¿por qué tanta hambre? - Dijo la amiga de su madre. Se llamaba María, y había sido un gran apoyo en su familia desde que murieron sus padres.
- Casi no llego al instituto, y no he comido nada.
- Bueno, bueno. Te dejo comer tranquila. - Y se marchó con una amplia sonrisa.


A la tarde, se dio un paseo por el lago que había cerca de su casa.
Estaba atardeciendo, la encantaba ese paisaje. Estaba sola, sólo ella, paseando por ese brillante lago. Hasta que...
-¡Hombre! ¡Si es la chica de ayer! ¿Qué tal?
En efecto, era el chico de ayer, al que le atacó su perro.
- Hola. Pues aquí, que me apetecía andar un rato...
- Eso está bien. ¿Qué tal la pierna? ¿Te hizo daño?
- No, está olvidado.
- Cuánto lo siento...
- ¡Que está olvidado! ¡No te preocupes! - Dijo con una sonrisa en la boca.
- Bueno, ¡he de irme! ¡Adiós! ¡Haber si nos vemos otra vez!


"Estúpida casualidad. Ya no vuelvo a este lago".

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